Hoy la chica sin nombre no tenía ganas de sonreír, no tenía motivos para ello. Las sombras de su existencia se erguían, amenazadoras e implacables, ante ella, tarareándole en silencio que nadie podría salvarla, que su chico del cambio no era más que una ilusión del fondo de su mente.
Ella intentó acallarlas gritándoles, una y otra vez, que ella era fuerte, que tenía a Marc a su lado, y que todo se arreglaría...
Pero a pesar de la insistencia, aunque no dejo de luchar por tratar de insuflarse un mínimo de esperanza, la oscuridad la engulló por completo. Y es que dentro de los dominios del monstruo, ella no era más que un titere sin voz ni voto.
Una muñequita rota que jugaba a ser humana.
dissabte, 4 de setembre del 2010
Hoy la chica sin nombre no tenía ganas de sonreír, no tenía motivos para ello. Las sombras de su existencia se erguían, amenazadoras e implacables, ante ella, tarareándole en silencio que nadie podría salvarla, que su chico del cambio no era más que una ilusión del fondo de su mente.
Ella intentó acallarlas gritándoles, una y otra vez, que ella era fuerte, que tenía a Marc a su lado, y que todo se arreglaría...
Pero a pesar de la insistencia, aunque no dejo de luchar por tratar de insuflarse un mínimo de esperanza, la oscuridad la engulló por completo. Y es que dentro de los dominios del monstruo, ella no era más que un titere sin voz ni voto.
Una muñequita rota que jugaba a ser humana.
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