dissabte, 4 de setembre del 2010

quieto!

No! Quieto! No lo canalices. Déjalo correr. Aliméntate de tu puta rabia, cuécete en tu miedo. ¿Por qué no te levantas y te miras desde arriba? Será una experiencia única, mirar como tu vida se deshace en mierda, y dejarlo pasar, como quien mira al peon comerse a la reina, no, como quien mira la tabla de ajedrez arder con todas las piezas quebrándose miserablemente. ¿Qué importa en esta vida? Se libre, gilipollas. Se libre. Se un puto animal, un perro callejero que muerde a quien le da de comer. Odia. Deja a la ira alimentarte, déjala consumirte, drogarte, entumecerte, devolverte a la realidad y verlo todo claro. Déjale demostrarte que nada importa una mierda, que todo está sobreestimado y que lo mejor es pegarte fuego a ti mismo, vivir tus segundos y saltar al vacio. Pero no te muevas. Te veo, quieres golpear algo, desahogarte. AHOGATE. Es la única forma que tienes de estar quieto, de no huir. No se puede canalizar toda la mierda de este mundo, no se puede alcanzar la paz, no se puede perdonar, olvidar, poner la otra mejilla. Muerde, desgarra, y déjate los dientes enganchados. Eres un animal, un espejo de lo que te hacen sentir. Oh, patético. ¿Qué haces llorando? Basura humana. ¡Adelante, llora! A nadie le importa lo que sientas. Grita. Sufre. Muere. ¿Es por dar pena? ¿De verdad lloras por dar pena? ¿A quién? ¿A Dios? ¿A ti mismo? ¿A tu puta madre? Coge esa mierda de cuchillo de odio que tienes y decide ¿Te lo clavarás a ti? ¿Se lo clavarás a Dios, a tu puta madre?Elige, elige, elige. Bien, por lo menos no te has cortado las venas. Puto perro. Ahora vete, no te voy a dar de comer.

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