Está atardeciendo. Frente al mar, nos encontramos viendo como el sol desaparece en un horizonte color canela mientras el calor va disminuyendo. Bajo mi brazo, noto tu precioso cabello moverse al ritmo de las olas, provocado por esa brisa olor a mar tan deliciosa que penetra en mi ser. Mírame, te digo mientras apartas tu frágil e intensa mirada del mar dirigiéndola a mi humilde rostro. Insaciables son mis deseos, penetrantes son mis besos. Cuando tu aliento roza mi boca siento como caigo sobre un cielo de pasión y harmonía, cuando me miras se que estás observando mi desnudo cuerpo ante tus ojos. Hay muchos tipos de amor; el que sientes hacia tus padres, tus hermanos, tu posible mascota. Pero sólo hay uno, uno realmente indescifrable, ese es el que tengo hacia ti. Cuando me siento solo, tu eres quien me protege ante el abismo que me rodea, cuando tengo frio, son tus manos las que me dan calor, cuando te quiero, eres tu el que ha robado mi corazón.
- Cariño, te quiero tanto…
- No digas nada – dijo el chico tapándole la boca con su suave mano.
Ella de repente, se abalanzó sobre su príncipe y una vez apoyados en la arena, bajo el anaranjado sol como espectador, empezó a acariciar al joven. Éste se puso encima de la chica y la besó. Sus labios se fusionaron en producto a una pasión inagotable.
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